Speeches and Lectures  
     
 

Hay millones de narradores.  Cada año se publican miles y miles de libros de ficción en el mundo, pero muy pocas historias son memorables.  ¿Por qué las de Andersen son eternas? ¿Por qué pueden repetirse durante dos siglos en diferentes lenguas y culuras y parecer siempre frescas?  No hay respuesta a estas interrogantes.  Muchos autores logran éxito por unas décadas, pero muy pocos sobreviven a la erosión del tiempo.  Innumerables historias nos hablan de la naturaleza humana y están escritas con gran talento;  muchas tienen el poder de consolarnos en los momentos de dolor o de mostrarnos el camino cuando perdemos el rumbo, pero no se convierten en clásicas. Muchas tratan sobre justicia, honor y  amor, o sobre pérdidas, separaciones, sufrimiento y muerte, como los cuentos de Andersen, sin embargo se olvidan pronto.  ¿Por qué las suyas son únicas?  Supongo que son mágicas.

Permítanme comparar a Hans Christian Andersen con otro artista inmortal, cuyo centenario el mundo celebra este año, el poeta chileno Pablo Neruda. Como Andersen, Neruda nació en un pueblo de un país pequeño, en una familia pobre.  El padre de Andersen era zapatero, el de Neruda trabajaba en el ferrocarril. Como Andersen, Neruda encontró su vocación muy temprano en la vida, era un niño tímido,  introvertido, muy sensible, un soñador. Cualquier cosa despertaba su imaginación: una hoja cayendo de un árbol, el olor del pan recién horneado, el sonido del hacha partiendo madera.  Se le quebraba el corazón ante el sufrimiento ajeno y de ese vaso roto fluía compasión  transformada en poesía.  Más tarde le tocó viajar extensamente. En sus viajes juntaba imágenes, rcuerdos, paisajes, objetos e historias que inspiraron algunos de los poemas más hermosos que se hayan escrito jamás. Escribió sobre las cosas más communes, odas a una manzana, una cuchara, un diccionario.  Escribió apasionados sonetos de amor y canciones desesperadas. Escribió sobre justicia social, imperialismo y guerra.  Su trabajo se tradujo a todas las lenguas conocidas y en l971 ganó el premio Nóbel de Literatura.  Como Hans Christian Andersen, Pablo Neruda ha sobrevivido al inexorable paso del tiempo y su voz aún nos habla directamente al corazón. Estos extraoridnarios artistas tienen el poder de movernos profundamente, de cambiarnos.  Su trabajo, tocado por una varilla mágica, brilla para siempre.

Han pasado muchas décadas desde que mi madre me dio aquel primer libro de cuentos de hadas. Ahora ella tiene 85 años y aún me cautiva con sus historias.  Yo también me he convertido en una fabuladora y le cuento historias a mis nietos y a unas cuantas personas que tienen la amabilidad de leer mis libros.  Nunca he olvidado mi deuda de gratitud con Hans Christian Andersen, narrador magistral.

Gracias, señoras y señores.  Muchas veces muchas gracias, como dijo Pablo Neruda en una occasion, por el espléndido regalo que ustedes me hacen hoy. Un príncipe, un príncipe de verdad,  en un palacio de cuentos de hadas, me nombra embajadora en el universo mágico de Hans Christian Andersen.  ¿Qué más se puede desear a mi edad?

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